El equipo de MAXXA volvió a Casa Camino para compartir una nueva jornada de voluntariado corporativo junto a nuestros adolescentes y cuidadores. Esta vez, Halloween fue la excusa perfecta para crear, reír y dejar volar la imaginación.
Calabazas listas, herramientas preparadas y mucha creatividad. Así comenzó la celebración de Halloween en Casa Camino, una actividad organizada junto al equipo de MAXXA, que una vez más decidió transformar su voluntariado corporativo en un espacio de encuentro con nuestra comunidad.

Flavio y voluntario de MAXXA.
La misión parecía sencilla: convertir una calabaza en la creación más original y terrorífica de la jornada. Sin embargo, entre ideas, diseños y algunos desafíos para lograr el tallado perfecto, cada participante fue dando vida a personajes con expresiones sorprendentes. Hubo calabazas tenebrosas, divertidas y otras que definitivamente mezclaron ambos mundos.
Pero la creatividad no terminó con el tallado. La actividad continuó con “La historia más tenebrosa”, un desafío que invitó a los participantes a imaginar relatos capaces de despertar más de algún escalofrío. Entre personajes misteriosos, giros inesperados y muchas risas, los adolescentes, cuidadores y voluntarios compartieron una tarde distinta, donde el trabajo en equipo fue protagonista.

Vicky, historia ganadora: La calabaza de la monja «Una noche de Halloween, una niña talló una calabaza con una sonrisa aterradora y ojos en forma de X. Al encenderla, escuchó una risa extraña que venía del pasillo. De pronto, apareció una monja vestida de negro, con el rostro pálido y una mirada aterradora. Era Valak, el demonio que habitaba en las sombras. La niña intentó escapar, pero la puerta se cerró sola. Antes de desaparecer, la monja susurró: —Dios no puede ayudarte ahora… «
Más allá de la temática de Halloween, esta jornada permitió generar algo que valoramos profundamente en Fundación Camino: espacios donde nuestros adolescentes puedan compartir, expresarse y continuar disfrutando experiencias propias de su etapa de vida durante el tratamiento.
El voluntariado corporativo también permite que las empresas aporten desde algo muy valioso: el tiempo, la creatividad y las capacidades de sus equipos. En cada conversación, actividad y momento compartido se construyen vínculos que acercan a las personas a nuestra misión y hacen que Casa Camino continúe siendo mucho más que un lugar de estadía.


Agradecemos especialmente a MAXXA por regresar a nuestra casa con una propuesta preparada con dedicación y entusiasmo. Su compromiso demuestra que una actividad puede convertirse en una oportunidad para encontrarnos, conocernos y crear recuerdos significativos junto a nuestros adolescentes y sus cuidadores.
La jornada terminó con calabazas iluminadas, historias dignas de una noche de Halloween y la alegría de haber compartido una experiencia diferente. Porque en Casa Camino también hay espacio para disfrazar la rutina, activar la imaginación y disfrutar juntos de una tarde aterradoramente entretenida.

